Despidida al profesor

Abdelhak  Aoufi

 

Entrevista realizada por:

Jihan Boutenache y Wafa Haddad, de 1º Bachillerato

 

Publicada en la revista

Kasbah, nº XVI, junio 2005

 

 

P.- En primer lugar ¿puede hacernos una breve biografía personal?

 

R.- Nací en el año 1944 en Taghzut, una pequeña aldea rural, situada en la provincia de Nador, donde pasé mi infancia.

En Tetuán, me hice adolescente. En el ex–Instituto Oficial (Liceo Cadi Ayyad) de esa ciudad cursé el bachillerato. En los viejos cafés  de la famosa plaza, o mejor dicho, la antiguamente llamada plaza de España (El Faddan), diseñada por el pintor granadino, Mariano Bertuchi, solía jugar al parchís con mis amigos. En el magnífico parque, en aquella época, llamado Parque de los enamorados (Ríad El Ochac), paseaba disfrutando de sus jardines, de sus albercas, de sus animales…

 

Realicé mis estudios superiores en la Facultad de Letras de Fes y en la Escuela Superior del Profesorado de Tetuán.

Me gradué en el año 1968, y ejercí desde entonces como profesor de árabe, en el Liceo Zeinab, Preparatorio Ibn Batouta, y en el Instituto Español Severo Ochoa de Tánger.

 

P.- ¿De dónde surge su vocación por la enseñanza?

 

R.- Desde mi infancia, siempre deseé  ser profesor. Quizá por la orientación indirecta de mis padres o, por el elevado analfabetismo de Marruecos. La enseñanza me encanta. Construir personas, reformar sus mentalidades, y educar a seres humanos, lo considero la profesión más noble de toda la historia humana. Es verdad que no da mucho poder material, pero sí proporciona serenidad de espíritu y tranquilidad de conciencia, comodidades que no se encuentran en muchas profesiones. Además, la enseñanza implica para el profesor vivir en un ambiente responsable, familiar, similar al de su propio hogar, y le obliga siempre a desarrollar y fomentar sus conocimientos.

 

P.- ¿Qué le impulsó a dar clases de árabe en un centro español?

 

R.- En el año 1981, la Delegación del Ministerio de Educación Nacional marroquí de Tánger, me ofreció dar clases de árabe en el Instituto Politécnico Español (Severo Ochoa en la actualidad), puesto que el centro necesitaba entonces un profesor más de árabe, junto a los dos que habían allí, Ahmed Harchni y Majdi Mrabet, para los nuevos alumnos saharianos procedentes de Laayun, que vinieron a Tánger para continuar sus estudios de Bachillerato en el sistema educativo español.

La verdad, es que encontré aquí, en este centro, además de la eficacia del sistema educativo, un ambiente cordial, una buena acogida por parte del claustro, y todo lo que necesita un profesor para dar clases de la mejor manera. El director del Instituto, era entonces, Fidel Agudo, y posteriormente, su sucesor, Carlos Albiñana, me hicieron una propuesta de incorporarme definitivamente al claustro.

En esa época, no había en Rabat la Consejería de Educación. El Instituto dependía directamente del Ministerio de Educación y Ciencia, que estaba entonces elaborando la L.G.S.I. que fue una de sus consecuencias la regularidad de la asignatura de Árabe en los centros españoles en Marruecos.

Efectivamente, en el octubre de 1985, tras un concurso de méritos, firmé un contrato indefinido con el Ministerio de Educación y Ciencia como profesor de lengua y cultura árabes, encargándome la jefatura del departamento, tarea que he desempeñado hasta mi jubilación (07 de noviembre de 2004.

 

P.- ¿Qué diferencias ha podido observar entre la mentalidad, el rendimiento y el ambiente estudiantil y del profesorado en los distintos institutos en los que ha ejercido como profesor?

 

R.- No hay mucha diferencia de mentalidad en los alumnos de los centros en los que he dado clases, por una sencilla razón, y es que yo he trabajado solamente en Tánger, de donde proceden todos mis alumnos, salvo, naturalmente, los alumnos españoles. Todos los alumnos marroquíes tienen la misma cultura, los mismos hábitos, las mismas tradiciones, etc. Quizá la actitud del instituto español es más comprensiva, más tolerante y más abierta que la marroquí.

En cuanto al nivel y rendimiento, excepto en las asignaturas de árabe y francés, se tiene en general un nivel bastante bueno y el rendimiento es satisfactorio.

Respecto al ambiente, en el instituto hay un ambiente ejemplar, todos los componentes forman una familia unida, colaboradora, reina una atmósfera de convivencia y tolerancia. Además, y por si esto fuera poco, la calidad de enseñanza, las instalaciones, el coto, el equipamiento, etc... hacen de ello un centro educativo ideal que cumple todas las condiciones pedagógicas y tiene todas las cualidades necesarias para la enseñanza.

 

P.- ¿Cree que el árabe suscita el interés necesario en los alumnos del I.E.E.S. Severo Ochoa? ¿Qué medidas cree que podríamos implantar para mejorar el nivel de lengua árabe?

 

R.- Para ser sincero, hay que decir que el árabe no despierta mucho interés en los alumnos, incluso en los de los centros marroquíes, por razones ajenas a esta lengua y ajenas a los alumnos. Hay una queja común acerca del bajo nivel de los alumnos, tanto en los centros españoles como en los centros marroquíes. Ambos alumnos, el del centro español y el del centro marroquí, saben perfectamente que el árabe, después del bachillerato, no va a servirles para nada. El primero tiene muy claro que realizará sus estudios superiores en España; y el segundo está informado de que la mayoría de las facultades marroquíes imparten los estudios en francés. A esto hay que añadir que el uso del árabe es muy limitado, ni siquiera se usa en las comunicaciones verbales. Estoy hablando, claro está, del árabe clásico, no del dialecto marroquí. Pero, ¡ojo! No se deben interpretar mis palabras como una justificación para no trabajar en esta materia. Vuestro futuro está aquí, en Marruecos, y aquí el árabe es imprescindible. 

 

P.- ¿Cómo definiría su trayectoria personal y lo que ha significado para usted el ser miembro del profesorado en un centro español durante tantos años? ¿Qué es lo que más añora de su faceta como profesor en este centro?

 

R.- Yo he dado clases durante treinta y seis años, trece en centros marroquíes (1968-1981), en el Liceo Zeinab, y en el Preparatorio Ibn Batouta de Tánger, y veintitrés (1981-2004), en el Instituto Español Severo Ochoa. 64% de mi trayectoria profesional transcurrió en el sistema educativo español. 

Me siento muy afortunado por haber trabajado en este espléndido centro, y muy feliz por haber formado parte de su claustro, por haber conocido a muchas personas con las que comparto recuerdos inolvidables y con las que mantengo una estrecha amistad.

Estoy muy orgulloso por haber dado clase a tantos alumnos, a varias generaciones, muchos de ellos hoy en día ya mayores. Cuando me saludan y me cuentan que están trabajando y que tienen sus propias familias, me siento muy alegre y me doy cuenta de que de lo que se cultiva pronto se recogen frutos. Ésta es la mejor recompensa para mi jubilación.

Voy a echar de menos a los amigos, a los compañeros, a los alumnos, a todos los componentes del instituto. Mi consuelo son los buenos recuerdos que jamás olvidaré.

 

P.- Somos concientes de su importante labor como coordinador y fundador de la revista Babel. ¿Qué le animó a desempeñar dicha función?

 

R.- En el curso académico 1995-1996, el Departamento de Árabe se hallaba en notable evolución con la utilización de los medios informáticos. Un grupo de alumnos sugirió la edición de un boletín en árabe, al que se bautizó con el nombre de Boletín del Departamento de Árabe. Se publicaron con este nombre ocho números. A partir del número nueve (junio de 1998), se convirtió en Babel, revista de los departamentos de lenguas, puesto que se incorporaron a su redacción los profesores de lengua y literatura castellana, de francés y de inglés.

Afortunadamente, la revista alcanzó un profundo éxito desde su nacimiento. Recuerdo que cuando salió el primer número (diciembre de 1995), pese a que fue un sencillísimo ejemplar que no superó las veinte páginas, dejó atónita a toda la comunidad educativa. La dirección del centro no dudó en reconocer que fue la mejor actividad jamás realizada por el Departamento de Árabe. Un fiel reflejo del impacto causado lo constituyó el anuncio que apareció en el periódico Les Nouvelles du Nord. Ello, lógicamente, otorgó a la revista cierto prestigio motivando a todos, profesores y alumnos, a seguir colaborando en ella. El mérito de salir en la prensa fue del administrador del instituto, que era entonces Carlos Sánchez Tárrago, quien apoyó y defendió el aumento del número de ejemplares e hizo llegar uno de ellos al director del periódico citado.

Babel llegó a su plenitud gracias a la estrecha colaboración de numerosas personas: alumnos, dirección del centro y profesores, entre ellos especialmente la profesora Pilar García Madrazo; sin ella, los tres últimos números (quince, dieciséis y diecisiete) no habrían salido tan perfectos, en el alto nivel en que se han situado.

 

P.- Ahora que disfruta de más tiempo libre, ¿qué proyectos tiene? ¿Qué aficiones suele practicar?

 

R.- Después de haber trabajado tanto tiempo en un centro como el Instituto Español Severo Ochoa, con la categoría y profesionalidad que he conocido allí, creo que ningún trabajo me va a estimular y ningún centro me va a satisfacer.

Actualmente dedico todo mi tiempo a mis aficiones preferidas: la informática e internet, el deporte (a mí me gusta mucho andar), y los viajes. Ahora puedo conocer algunos sitios de Marruecos que nunca he visto, viajar a unos países que siempre deseaba visitarlos, y cumplir también mis promesas de hacer visitas, de vez en cuando, a mis hijos en España.  

 

P.- ¿Cuál es la anécdota o el recuerdo que más le ha marcado durante su larga y memorable estancia en el I.E.E.S. Severo Ochoa?

 

R.- Os voy a contar ambas cosas, una anécdota y un recuerdo.

La anécdota ocurrió en marzo del año 1990, cuando acompañé en solitario, a un grupo de alumnos en un viaje a Vera, en la provincia de Almería, para realizar un intercambio con alumnos del Instituto de Formación Profesional “Alyanub” de esa ciudad.

Fuimos por Ceuta. En la frontera (el visado aún no estaba en vigente), la policía española no permitió la entrada a la península a los alumnos que llevaban el pasaporte colectivo, ya que habían anulado su vigencia sin que nos enteráramos. Todos los esfuerzos que hizo el instituto y todas las gestiones que se realizaron desde Vera fueron inútiles. Los alumnos estaban muy desilusionados pero muy decididos a no volver a Tánger. Nos quedamos un par de horas entre las dos fronteras, en tierra de nadie.

Calmando un poco los nervios, los alumnos empezaron a reflexionar y por fin, optaron, por entrar solamente a Ceuta para pasar allí la noche. Fue una noche maravillosa y compensó el disgusto que tuvimos en la frontera. Se gastó una buena parte del dinero que aportaron los alumnos, pero valió la pena.

Al día siguiente por la mañana, cuando estábamos desayunando antes de regresar a Tánger, entró el director del instituto, que era entonces Manolo Morata, y nos informó de que se había resuelto el problema del pasaporte colectivo y que podríamos continuar el viaje. Todo dio una vuelta de campana. Los alumnos gritaron al unísono: «¡Sí! ¡Vámonos a Vera!».

En cuanto al recuerdo que va a marcar el resto de mi vida, sin duda se trata del gran homenaje que el instituto me rindió con motivo de mi jubilación.

Tuvieron un gesto conmovedor suspendiendo dos clases para que toda la comunidad educativa del instituto acudiera al Salón de Actos a despedirse de mí. Fueron muy emotivos y cariñosos los discursos del director del instituto, Luis Badosa, de mis compañeros del departamento de árabe, Mezouar El Idrissi, Khalid Raissouni y Abdeslam Idiraten, de mi querida compañera y amiga, Pilar García Madrazo, de mis alumnos, Issam Laacheri, Adil El Aroud, Nouha Hamou Allal y Anis Fellous. Me impresionaron la actitud  y los fuertes aplausos de todos los alumnos. Estoy muy agradecido a todos.

 

P.- ¿Quiere añadir algo para sus antiguos alumnos y para los lectores de Babel?

 

R.- Os deseo buena suerte, buena marcha en vuestros estudios, buena elección a la hora de escoger vuestras carreras y mucho éxito. Muchas gracias a vosotras por esta entrevista. Y hasta siempre.